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Cómo ha cambiado el cliente chileno en los últimos 25 años: 10 transformaciones clave

saraerrazuriz8
hace 1 hora
6 min de lectura
Por Patricio Polizzi R. Profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez. Director de Estudios del Centro de Experiencias y Servicios (CES UAI).
Por Patricio Polizzi R. Profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez. Director de Estudios del Centro de Experiencias y Servicios (CES UAI).

El cliente chileno de hoy es más informado, exigente y empoderado que hace 25 años. La digitalización, el acceso a la información, las nuevas expectativas de servicio y una mayor conciencia sobre sus derechos han transformado profundamente la relación entre personas y empresas. Comprender estos cambios es clave para diseñar una mejor experiencia de cliente.

Durante los últimos 25 años, la experiencia de cliente en Chile ha cambiado de manera profunda.

Cada vez que el Índice Nacional de Satisfacción de Clientes desarrollado por Procalidad sube o baja algunos puntos, la explicación suele buscarse en las empresas: qué hicieron mejor, qué hicieron peor, cuánto invirtieron o qué prometieron y no cumplieron.

Esa mirada es válida, pero es solo una parte de la historia.

Una parte importante de lo que este índice ha registrado durante estos 25 años también responde a una transformación del propio consumidor. El cliente chileno de hoy no es el mismo que respondía una encuesta de satisfacción en el año 2000.

¿Qué cambió? Al menos diez grandes transformaciones permiten comprender la evolución de sus expectativas y la manera en que hoy se relaciona con las organizaciones.


1. La confianza ya no se hereda: hay que ganársela

A comienzos de este siglo, ser una empresa grande, reconocida y con trayectoria otorgaba casi automáticamente el beneficio de la duda. El tamaño y la antigüedad de una marca funcionaban como una garantía.

Hoy esa confianza automática prácticamente ha desaparecido.

Diversos acontecimientos de connotación pública trasladaron la sospecha desde determinadas organizaciones hacia el mundo empresarial en general. Como consecuencia, los clientes enfrentan sus relaciones comerciales con un mayor nivel de cautela.

La confianza del cliente ya no se construye solamente a partir del reconocimiento de marca. Se gana haciendo y cumpliendo, interacción por interacción y cliente por cliente.


2. La transparencia se convirtió en una exigencia

Hace algunos años, contratos y condiciones de compra podían incluir información poco visible o difícil de comprender sin generar mayores cuestionamientos.

Hoy el escenario es completamente diferente.

Los clientes cuentan con herramientas digitales que les permiten buscar información, contrastarla y conocer las experiencias de otras personas. Por eso, esperan de las empresas condiciones claras y trazabilidad durante toda la relación comercial.

La transparencia dejó de ser un atributo diferenciador para convertirse en un estándar esperado en la relación entre clientes y empresas.


3. Del silencio frente a los problemas al cliente empoderado

Ante una mala experiencia de servicio, durante mucho tiempo la resignación fue una respuesta frecuente. Pocos consumidores exploraban mecanismos formales para reclamar.

Actualmente, los clientes conocen mejor sus derechos y están más dispuestos a ejercerlos.

Reclaman, solicitan soluciones, utilizan garantías y mecanismos de retracto y, cuando no encuentran una respuesta satisfactoria, cuentan además con plataformas digitales y redes sociales para visibilizar su experiencia.

Pasamos así del cliente resignado al cliente empoderado, que espera respuestas concretas y oportunas de las organizaciones.


4. Comparar productos y servicios nunca había sido tan fácil

Comparar precios, características o condiciones entre distintos proveedores requería antes un esfuerzo considerable: visitar tiendas, llamar o solicitar información directamente.

Hoy esa comparación puede realizarse en segundos.

El acceso digital a la información redujo de manera significativa la asimetría que existía entre empresas y consumidores.

El cliente investiga, compara y contrasta alternativas antes de tomar una decisión. Y esa facilidad para hacerlo también disminuye su tolerancia frente a ofertas confusas, condiciones poco transparentes o procesos difíciles de comprender.


5. El boca a boca se transformó en una nueva forma de publicidad

La televisión, la prensa y la radio fueron durante décadas algunas de las principales fuentes de influencia sobre las decisiones de compra.

La opinión de otros clientes, en cambio, tenía un alcance limitado al círculo cercano.

Hoy las reseñas, recomendaciones y comentarios en redes sociales pueden tener un peso significativo en las decisiones de los consumidores.

La experiencia de un cliente dejó de ser exclusivamente individual: puede transformarse rápidamente en información disponible para cientos o miles de personas.

Por eso, la recomendación se ha convertido también en un activo comercial y relacional fundamental para las organizaciones.


6. Del canal único a una experiencia omnicanal

La atención al cliente estuvo tradicionalmente concentrada en canales presenciales o telefónicos y, muchas veces, limitada a determinados horarios.

El cliente actual espera algo muy distinto.

Quiere poder elegir cómo relacionarse con una organización y moverse entre canales físicos y digitales de manera simple y fluida, sin tener que comenzar nuevamente cada interacción.

La omnicanalidad ya no consiste simplemente en disponer de muchos canales. El verdadero desafío es conseguir que esos canales estén conectados y entreguen una experiencia coherente.


7. Agilidad y simplicidad: dos atributos no negociables

En un contexto marcado por estilos de vida cada vez más acelerados, el tiempo se ha transformado en un recurso especialmente valioso.

Los clientes esperan procesos simples, rápidos y con el menor esfuerzo posible.

La inmediatez y la simplicidad son hoy requisitos fundamentales de una buena experiencia de servicio en prácticamente cualquier industria.

Incluso un precio algo mayor puede ser más tolerable que una experiencia que obliga al cliente a perder tiempo o realizar esfuerzos innecesarios.


8. Un buen servicio estándar ya no es suficiente

Durante mucho tiempo, entregar un servicio bueno y consistente era suficiente para satisfacer a los clientes.

Hoy las expectativas son mayores.

Las personas esperan que las organizaciones sean capaces de reconocer sus necesidades y preferencias particulares. Identifican cuándo son tratadas como un cliente más entre miles y valoran cuando una empresa demuestra que las conoce.

La personalización de la experiencia de cliente está dejando de ser un elemento diferenciador para transformarse progresivamente en una expectativa básica.


9. De entregar los datos a vigilar cómo se utilizan

La relación de las personas con sus datos también ha cambiado.

Antes, entregar información personal a una empresa generaba relativamente poca reflexión respecto de su utilización posterior.

Actualmente, mientras las organizaciones utilizan cada vez más información para desarrollar sus acciones comerciales y personalizar experiencias, también aumenta la preocupación de los clientes respecto de cómo esos datos son recolectados, utilizados y protegidos.

Surge así una nueva dimensión de la confianza: la capacidad de las empresas para realizar una gestión transparente, responsable y ética de los datos de sus clientes.


10. La lealtad del cliente se volvió multidimensional

La fidelidad estuvo históricamente vinculada, en gran medida, al desempeño funcional de un producto o servicio.

Hoy construir lealtad de clientes es bastante más complejo.

Una organización necesita combinar un desempeño funcional consistente con confianza relacional, experiencias emocionalmente relevantes y coherencia respecto de su impacto ambiental y social.

La lealtad depende, por lo tanto, de más variables que hace algunas décadas y exige una gestión mucho más sofisticada para construirla y sostenerla.


¿Cómo es el cliente chileno actual?

Estos diez cambios no deben entenderse como fenómenos aislados. En conjunto configuran un nuevo arquetipo que podríamos definir como un cliente pragmático, vigilante y empoderado.

Es una persona que verifica lo que una empresa promete y que no entrega automáticamente su confianza por el tamaño o trayectoria de una marca.

Investiga antes de comprar. Compara alternativas en minutos. Reclama cuando una organización no cumple y utiliza los canales disponibles para hacer visible una mala experiencia.

Espera, además, poder moverse entre distintos puntos de contacto sin repetir información, valora ser reconocido como individuo y entiende que sus datos personales constituyen un activo cuyo uso quiere conocer y controlar.

Y para lograr su lealtad ya no basta únicamente con ofrecer un buen producto o servicio: es necesario crear valor desde la marca, la relación, la experiencia y el rol que la organización desempeña en su entorno.


El gran desafío para las empresas: comprender al nuevo cliente

Detrás de estas transformaciones existen aspiraciones que, en realidad, no son nuevas: control sobre las decisiones, certeza, trato justo, reconocimiento individual, respeto por el tiempo, protección de lo propio y coherencia con los valores personales.

Lo que ha cambiado durante estos 25 años es la capacidad de las personas para exigir que esas expectativas sean satisfechas.

El cliente chileno dispone hoy de más información, herramientas y canales para relacionarse con las organizaciones y evaluar su desempeño.

Por eso, comprender la evolución de la satisfacción y de la experiencia de cliente requiere mirar más allá de lo que las empresas hacen.

También debemos comprender cómo ha cambiado la persona que está al otro lado de esa experiencia.

Y probablemente allí se encuentre uno de los mayores desafíos para la gestión de experiencia de cliente en los próximos años: no solo responder mejor a las necesidades actuales, sino desarrollar la capacidad de comprender cómo seguirán evolucionando las expectativas de las personas.

 
 
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